sábado, 8 de agosto de 2020

LO EXTRATERRESTRE, EN EL BOLETÍN DEL INSTITUTO ANTÁRTICO CHILENO

Por Prof. Rubén "Gurú" Morales

Un artículo con la firma de paleobiólogo Marcelo Leppe Cartes que se publicó en el boletín del Instituto Antártico Chileno, menciona expresamente la tendencia actual a relacionar la Antártida con la llegada de posibles objetos voladores extraterrestres, y lo hace con un criterio didáctico y esclarecedor. 

Expresa que

“el Sexto Continente podrá ser suelo estéril para la mayoría de las especies que pueblan el planeta, pero es tierra fértil para la imaginación. Por ejemplo, libros y películas como At the Mountains of Madness (1932), The Thing (1982) o Depredador vs. Alien (2004) dan muestra que lo inverosímil y lo utópico se asocian en nuestras mentes a este territorio. Sin embargo, la verdadera historia de la Antártica supera con creces la más sofisticada fantasía, y la historia de los seres vivos que la han poblado reta a la credibilidad humana.” (…) “Un hito en la historia del mito antártico lo desencadena una noticia viralizada a fines de 2012, donde se señala que un equipo de investigadores rusos y norteamericanos habría encontrado pirámides en la Antártica. La no despreciable cantidad de 980.000 notas en páginas de internet, dan cuenta de lo vulnerables que somos a creer en un continente cargado de relatos esotéricos o metarracionales. Hoy se sabe que el grupo de científicos rusos y norteamericanos nunca existió, que las fotos exhibidas como evidencia eran una pobre interpretación de estructuras producto de la actividad glacial y de volcanismo y que las imágenes de Google Earth fueron maliciosamente alteradas. 


Sin embargo, el mito ya ha sido creado y un 50 % de los infectados por la virulenta noticia, aún cree que se trata de una conspiración para ocultar la existencia de civilizaciones polares ancestrales. Definitivamente, la combinación de extraterrestres, civilizaciones ancestrales y Antártica, nos hace mucho sentido. Más de un siglo de investigación científica no ha logrado cambiar esa percepción popular.” (1)


El meteorito ALH84001. Credito: NASA. Fuente: (2)
A continuación, bajo el subtítulo “Los verdaderos extraterrestres” el autor relata que a fines de 1984, un equipo de investigadores del Instituto Smithsoniano encontró en las colinas Allan (un cordón montañoso en la costa del mar de Ross) un meteorito de casi dos kilogramos compuesto por diogenita, material que podría provenir del asteroide Vesta o del planeta Marte.


Se le llamó ALH84001 (por Allan Hills y el año 1984). La roca se habría desprendido de Marte hace unos 16 millones de años, después del impacto de un meteorito, y caído en la Antártica hace unos 13.000 años. 



El microscopio electrónico

permitió hallar en el ALH84001 

esta suerte de "tubo" que tiene 

menos de 1/100th del tamaño 

de un cabello humano. Crédito: 

NASA Fuente: (2)

Pero el meteorito ALH84001 aún reservaba a la ciencia varias sorpresas: Casi 12 años después del hallazgo, David S. McKay (1936- 2013), investigador del National Astrobiology Institute de la NASA, anunciaba mundialmente que el meteorito marciano contenía trazas de la biósfera ancestral de Marte, cargada de CO2 y N15, y de posibles fósiles de bacterias.

"El anuncio era provocador, al ser la primera evidencia concreta de vida extraterrestre y un potente sustento a la teoría del origen de la vida. Pero tras 30 años del hallazgo, al menos 10 artículos se publican al año en revistas científicas de corriente principal, con argumentos a favor o en contra, a pesar de que nueva evidencia durante los últimos parece inclinar la balanza hacia la hipótesis de las bacterias marcianas.” (1)


Finalmente, el artículo reseña interesantes hallazgos paleontológicos realizados en territorio antártico que hacen repensar los orígenes de la vida en nuestro planeta y en el universo.



FUENTES: 


1) Leppe Cartes, Marcelo, “El pasado de la Antártica... ¿una incógnita develada?”, Boletín Antártico Chileno Vol. 33 Nº 2, Instituto Antártico Chileno, Punta Arenas, 2017, pp. 13 a 20.


2) https://www.astrobio.net/mars/the-continuing-controversy-of-the-mars-meteorite/

miércoles, 5 de agosto de 2020

PARECE UNA MURALLA INCAICA EN LA ANTÁRTIDA ¿VERDAD?



Sistemas de diaclasas volcánicas en Isla Roberts, Islas Shetland del Sur, conjunto de rocas basálticas que forman columnas de 4, 5 o 6 lados. Fuente: Boletín Instituto Antártico Chileno, mayo de 1965, p. 27.

martes, 4 de agosto de 2020

"ESCUADRILLAS" DE LUCES EN LOS CIELOS DE PUERTO NEKO, ANTÁRTIDA ARGENTINA

Por Prof. Rubén "Gurú" Morales

 

El 25 de febrero de 1991, varias flotillas de objetos luminosos con intrigantes desplazamientos atravesaron los cielos de Puerto Neko, un sitio en la costa oeste de la Península Antártica donde solo hay un pequeño refugio argentino. El incidente tuvo como circunstanciales testigos a los cuatro integrantes del equipo denominado “Expedición Proyecto Orca Antártida” que tenía como objetivo científico el seguimiento visual de los grupos de orcas que recorren el mar antártico.

 

El presente informe presenta y describe un singular avistamiento que se realizó en Puerto Neko en la primera hora del 25 de febrero de 1991.

El equipo, junto al refugio de Puerto Neko. Foto Juan Carlos López.
Fue posible reconstruir los pormenores de lo sucedido gracias al relato directo de tres de los cuatro testigos presenciales quienes amablemente accedieron a nuestra entrevista, Carolina Diby, Ricardo Kruszewski y Juan Carlos López. Omar Molea también participó del avistamiento, pero pasados tantos años no recuerda los hechos con detalle, en cambio sí tiene muy presente que a partir de esa experiencia el grupo de investigación antártica tuvo una larga charla nocturna sobre temas paranormales.

Antes de entrar de lleno en el tema, cabe resumir escuetamente el perfil profesional de los observadores.

LOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA

Ricardo Kruszewski es un pionero en la introducción, promoción y desarrollo del kayak en la Argentina, así como creó y dirige la empresa SDK que fabrica kayaks de mar y de montaña.

Ricardo Kruszewski. Foto: (3)
Además de haber cumplido su misión de investigación específica, la expedición de 1991 permitió testear la performance de las embarcaciones y equipos SDK en las condiciones ambientales más exigentes.

Ricardo ha realizado numerosas travesías en kayak a través del mundo, unas veces como deportista amateur y otras como apoyo de expediciones científicas y de exploración.

Integró la expedición en kayaks “Yámana 86”, una de las primeras del mundo en circunnavegar el Cabo de Hornos. De hecho fue la primera en hacerlo por la ruta más difícil y sus integrantes los primeros argentinos en lograrlo. (1)

Juan Carlos López a justo título lleva el apodo de "Orcaman" por ser un precursor en el estudio del comportamiento de las orcas. 

Especializado en buceo y navegación en kayak, López fue por largos años Guardafauna en Península Valdés y es actual Guardaparque del Área Protegida El Doradillo. Esa actividad le permitió agudizar al máximo la observación científica con y sin instrumentos, a lo que sumó el hábito cotidiano de redactar informes precisos, aptitudes todas de particular valor para el caso que se analizará.

"Orcaman", navegando en aguas antárticas. Foto Juan Carlos López.

Su cercanía con la orcas lo llevó a cuestionar que se las llame despectivamente "ballenas asesinas” y en 1989 lo reafirmó sumergiéndose a bucear en medio de un grupo de orcas que se dirigían a cazar lobos marinos. La inmersión fue realizada junto a Paul Atkins, sin jaula protectora ni armas, para un documental producido por la BBC. (2)

Carolina Diby en Bahía Andvord, Antártida Argentina.Foto:Carolina Diby.
Carolina Diby es licenciada en turismo, con reconocida trayectoria en montañismo y kayak. A partir de la “Expedición Proyecto Orca Antártida” pasó a convertirse en la primera mujer que navegó el mar antártico en kayak. Tres años antes había escalado el pico máximo de América en compañía de la andinista mendocina Carina VacaZeller. Ese ascenso de solo dos mujeres alcanzó una marca histórica por ser la primera expedición íntegramente femenina que hizo cumbre en el Aconcagua por la ruta del Glaciar de Los Polacos. Luego de regresar de la Antártida, en el mismo 1991, Carolina formó parte de la "Expedición Argentina al Himalaya" que escaló el Xixapagma (China) de 8012 m y, aunque no pudo participar, había sido seleccionada para  la Expedición Argentina al Shishapagma. 

A través de actividades educativas y de difusión desde una perspectiva de género, Carolina promueve la participación de la mujer en deportes de riesgo como el kayak y el montañismo.

EL PROYECTO DE INVESTIGACIÓN ANTÁRTICA

La “Expedición Proyecto Orca Antártida” fue la primera expedición científica con kayaks de mar realizada en el territorio antártico. Se desarrolló entre enero y marzo de 1991 para estudiar el comportamiento de las orcas (Orcinus orca) en la costa oeste de la Península Antártica utilizando kayaks de travesía como único medio de movilización, traslado, plataforma de observación y exploración del área.


Ricardo Kruszewski fue el organizador y director, en tanto Juan Carlos López fue el director de investigación. Junto a otros dos expertos kayakistas como Carolina Diby y Omar Molea se completó un equipo con probada experiencia en deportes de riesgo. (3) (4)

La flecha indica la posición de Puerto Neko.
La expedición fue integrada a los proyectos de investigación correspondientes a la Temporada 90/91 de la Dirección Nacional del Antártico y del Instituto Antártico Argentino.

 

Un avión Hércules de la FAA dejó al equipo en la Base Marambio. En Marambio los esperaba un helicóptero que los llevaría hasta el Rompehielos Almirante Irízar.

 

Pasado poco más de un día de navegación transbordaron al histórico Aviso ARA General Irigoyen que los condujo hasta Puerto Neko, donde se encuentra el refugio Capitán Fliess (64°50′00″S 62°33′00″O), una sencilla construcción rectangular con paredes exteriores de chapa acanalada y techo a una sola agua, que depende de la Armada Argentina desde 1949.(5)

El refugio Capitán Fliess, el campamento y los kayaks de los expedicionarios. Foto Juan Carlos López.

Con base en carpas y el refugio Capitán Fliess de Puerto Neko, Bahía Andvord, durante seis semanas realizaron observaciones de fauna en dicha bahía, en Bahía Paraíso y en la boca del Estrecho de Gerlache, (3) pero las orcas -el principal motivo de sus desvelos- parecían empecinadas en ocultarse a los ojos atentos de los cuatro exploradores.

EL INFORME DE ORCAMAN

En la noche del 24 de febrero Omar Molea picó carne a cuchillo y cenaron hamburguesas caseras. Luego el grupo permaneció haciendo comunicaciones por onda corta con radioaficionados. Situándonos en la época, este equipo antártico transitaba el intervalo tecnológico entre los enlaces por radio y las actuales comunicaciones por satélite y celular.

El equipo llega a Puerto Neko. El Aviso Irigoyen al fondoFoto Juan Carlos López.
A las 0:15 del día 25, antes de irse a dormir, Orcaman salió del refugio rumbo al baño, que estaba improvisado en el exterior. Minutos después, a las 0:25, sería testigo de un suceso que lo motivó a llamar de inmediato a sus compañeros.

Este es su relato: 

"al mirar hacia el cielo, observo desplazándose desde el SSO hacia el NNE un objeto luminoso que se dirige hacia Neko, pero a gran altura, tipo faro de automóvil que luego de realizar tres zigzag, lanza dos haces de luz hacia abajo, luego realiza otro zigzag y repite dos haces de luz hacia abajo [Luz Nº1 del Gráfico 3]. Llamo con un silbato (usado para emergencias) a mis compañeros, que se encontraban dentro del refugio, quienes al salir pueden ver una serie de luces, de iguales características de la primera, que se desplazaban de SSO a NE y de SO a NE. Todos pudieron ver el haz de luz que lanzaba hacia abajo, como si fuera un reflector. Al mismo tiempo vimos con Omar que tres [luces] se desplazaban hacia el Este, dos bastante cerca entre sí, la otra más adelantada y una cuarta que avanzaba en la misma dirección pero que las pasaba y continuaba su desplazamiento hasta perderse de vista [Luces Nº3, 4, 5 y 6 del Gráfico 3]. En ese momento vemos otra que pasa por encima del refugio de ONO a NNE y que también proyecta un haz de luz en cuatro oportunidades [Luz Nº2 del Gráfico 3]. Ninguno de esos haces iluminó el refugio o nuestras carpas."


Gráfico 1 - Libreta de campo.
Juan Carlos señala que estas luces "se diferenciaban muy bien de la luz de las estrellas". Se desplazaban a gran altura, en su diario anotó que se veían "tipo satélite", pero agrega que parecían faros de automóviles o de una camioneta a la distancia, no encandilaban, y por momentos proyectaban dos haces de luz hacia abajo, a modo de reflectores, sin que hubiera una periodicidad constante.

Inmediatamente luego de la observación, Orcaman redactó un informe del incidente en su libreta de campo (Gráfico 1) y marcó las trayectorias en la carta náutica de la bahía (Gráfico 2), para asegurarse de registrar lo sucedido con la mayor exactitud posible, con el mismo afán detallista que utilizaba para documentar los comportamientos de la fauna. "No escribí mucho más ese día, dada la alegría que tenía, porque los otros tres integrantes habían podido ver por ellos mismos algo sobre lo cual les había contado que veía en Península Valdés" -nos expresa en la entrevista. Efectivamente durante sus años de Guardafauna en Península Valdés, en repetidas oportunidades pudo avistar luces parecidas que en algunos casos lanzaban una luz intensa hacia abajo.

 

LOS SUCESOS SEGÚN CAROLINA DIBY

 

Carta náutica con anotaciones de Orcaman.
Habiendo pasado tanto tiempo, Carolina admite no recordar muchos detalles de aquel incidente en Puerto Neko. Eso sí, enfatiza que fue un momento emocionante para todos, fue salir del refugio y ver las luces pasando sobre sus cabezas, ¡y eran muchas! El grupo de exploradores vivió con algarabía esa inesperada y mágica procesión de luces que recorrían el despejado cielo nocturno. Añade que eran blancas, intensas, sin halos ni estelas, tenían intermitencias, titilaban o lanzaban destellos con una cierta frecuencia y luego retomaban su luminosidad inicial. Al avanzar realizaban rápidos cambios de rumbo en una especie de zigzag, conductas todas que no se asimilan al paso de satélites artificiales o aerolitos.

Durante el tiempo que duró su observación, por lo menos vio pasar dos grupos de luces, uno detrás de otro, tal vez con 4 o 5 luces cada uno, más alguna luz que venía rezagada…

 

Tuvo la fuerte intuición de que la actividad de esas luces estaba relacionada (de alguna manera) con la proximidad del Polo Sur. Esboza la hipótesis de que esos fenómenos tal vez eran habituales en la zona y no vieron más debido a que las salidas de observación de fauna solían ser diurnas.

 

También en otras oportunidades tanto ella como otros integrantes de su familia han observado fenómenos luminosos extraños en la Provincia de Neuquén, donde reside.



LAS "ESCUADRILLAS” QUE SOBREVOLARON PUERTO NEKO 

Por su parte, Ricardo Kruszewski nos brinda un relato de los hechos sumamente rico en detalles, con matices propios. Su observación se inicia a partir del momento en que salió del refugio (junto a los demás) luego de escuchar el sonido del silbato. En efecto, levantó los ojos al cielo, vio pasar las luces y al mismo tiempo notó que Juan Carlos estaba feliz por compartir con el grupo la visión de esas luces tan similares a las que él había visto desde Península Valdés. Minutos después todos regresaran al refugio, excepto Ricardo quien decidió quedarse a ver las luces. Le dolía la cabeza de tanto mirar hacia arriba, entonces buscó una roca sobre la cual recostarse para observar más cómodo, igualmente tenía el equipo de abrigo antártico que lo protegía del frío. Permaneció sobre esa piedra unos 15 o 20 minutos, contemplando un incesante desfile de fenómenos aéreos. Explica que los objetos venían a modo de “escuadrillas” (si cabe utilizar ese término) integradas por varios elementos luminosos, acaso de 4 a 7 en cada grupo.


Estas “escuadrillas” provenían aparentemente de un mismo punto radiante y cruzaban la bóveda celeste de un extremo al otro, a una altura considerable. Venían una detrás de la otra, aunque la frecuencia de su aparición parecía ser aleatoria. 

Pudo constatar que al alejarse, en todos los casos, los objetos se iban separando entre sí, las trayectorias se iban abriendo al aproximarse al horizonte. Ricardo coincide con Juan Carlos en un aspecto crucial para el análisis de todos estos sucesos: A lo largo de ese rumbo general que cruzaba el cielo, los objetos también tenían un movimiento en zigzag regular y permanente, es decir una trayectoria final que por sumatoria daba un aspecto aserrado.

No resulta sencillo describir la complejidad de todo lo que vio. Esas “formaciones” o “escuadrillas” tenían un comportamiento similar pero no igual. Parecían venir del mismo lugar y seguían un rumbo parecido pero ligeramente distinto. Por momentos se veía surcar el cielo a dos o más de estas “escuadrillas”, casi en la misma dirección, pero no iban paralelas porque incluso eventualmente había escuadrillas que se cruzaban entre sí, en pequeños ángulos, sin perder su arrumbamiento general hacia el mismo horizonte, pero abriéndose al alejarse. Tampoco las velocidades eran iguales porque, tal como también lo había dicho Juan Carlos, había algunas luces que sobrepasaban a las otras, dejándolas atrás… Ricardo reflexiona que debió haber visto pasar al menos unas 15 o 20 de estas formaciones… 

El equipo en Bahía Andvord. Foto Juan Carlos López.

Juan Carlos había registrado en su diario siete objetos luminosos, en tanto el testimonio de Ricardo elevaría esa cifra a más de un centenar, de hecho retornó al refugio saciado de ver luces, sin convencimiento de que los fenómenos se hubieran agotado. Todas las luces tenían similar coloración, blanco o amarillento, él no interpreta que lanzaran flashes, pero sí constató eventuales y repentinos aumentos o decrecimientos en la luminosidad de los objetos. Ricardo estima que volaban a muy considerable altura, justamente eso permitía verlos atravesar toda la bóveda celeste, pero la velocidad de las “escuadrillas” era mucho más rápida que la de los satélites y en todos los casos se advertían esos permanentes corrimientos laterales en zigzag.

Le preguntamos a Ricardo si no se le ocurrió tomar fotos y respondió que sí, tomó varias diapositivas color con una cámara profesional, pero salieron totalmente oscuras.

Al día siguiente del avistamiento, Orcaman llamó por radio a las bases Brown y Decepción para saber si habían visto algo inusual o si hubo actividad aérea en la zona. La respuesta fue que no existió movimiento de aviones ese día y el radiooperador de Decepción fue cortante en su comentario, con expresión resignada le aconsejó: "En la Antártida, lo mejor es mirar siempre hacia abajo"…

DESCRIPCIÓN DE LOS FENÓMENOS OBSERVADOS

Fue necesario realizar algunas consultas adicionales con Juan Carlos para reconstruir lo que observó. Con esas correcciones fue realizado el Gráfico Nº 3. Resultaron de gran importancia sus anotaciones en la carta náutica y en su diario, ya que ambos registros fueron realizados minutos después de los avistamientos. Con atinado criterio, Juan Carlos López recalca que esas anotaciones constituyen el documento más fiable, porque aún su memoria retenía todos los detalles de ese complejo y fugaz despliegue de fenómenos luminosos.

Gráfico Nº3 que detalla las trayectorias registradas por Juan Carlos López.

A partir de esta revisión fueron contabilizados un total de siete "tránsitos" que surcaron el cielo en pocos minutos, siendo varios de ellos visibles al mismo tiempo. Según Juan Carlos, algunos de estos objetos lanzaban una potente luz hacia abajo, como si fuera un reflector, tipo disparos de flashes en forma intermitente, sin una periodicidad continua y sin iluminar el paisaje, lo cual sí años antes había podido observar en Península Valdés, donde una noche se iluminó la lobería de Punta Norte como si fuera pleno día, en tanto Ricardo interpretó esos destellos como cambios súbitos de luminosidad.

Es posible hablar con propiedad de "objetos luminosos" y no simplemente de "luces" ya que estos fenómenos tenían un definido comportamiento objetual, incluyendo movimientos en zigzag y un giro en ángulo agudo realizado por la Luz Nº 2, lo que es incompatible con reflejos, refracciones, fenómenos eléctricos u otros eventos meramente luminosos.

A las 0:25 Juan Carlos observó la primera luz (Nº 1 en Gráfico Nº 3) que venía con rumbo SSO-NNE. Durante ese avance inicial realizó tres zigzag sin abandonar su rumbo general, luego lanzó dos flashes hacia abajo, continuó avanzando en recta y después de un nuevo zigzag proyectó otros dos haces en la segunda parte del recorrido. En medio de esa observación fue que el testigo llamó con el silbato a sus compañeros, quienes pudieron ver la parte final de ese primer tránsito, que se alejaba repitiendo ese esquema de lanzar dos flashes seguidos, con similar frecuencia.

Desde ese momento, todos fueron testigos del resto de los fenómenos. Desde el noroeste se vio venir la luz Nº 2, que realizó un viraje para pasar sobre el refugio y salir hacia el norte, lanzando a continuación otra secuencia de dos reflectores hacia el suelo (luz Nº 2 Gráfico Nº 3). Surgieron tres luces más que volaban "en formación" a similar velocidad en sentido SO-NE (luces Nº 3, 4 y 5 en Gráfico Nº 3). A mitad del cielo se les sumó otra en la misma dirección, pero que iba mucho más rápido, al punto de sobrepasar a las tres primeras (luz Nº 6 Gráfico Nº 3). Para cerrar las observaciones de Juan Carlos, una séptima luz cruzó la escena de oeste a este (luz Nº 7 Gráfico Nº 3).

LUCES EN EL CIELO Y ORCAS EN EL MAR

La mayor sorpresa aún estaba por venir: Ese mismo día, Carolina Diby y Juan Carlos López abordaron nuevamente el Aviso Irigoyen que estaba haciendo tareas de limpieza costera. El buque dejó atrás la Bahia Andvord para penetrar el Estrecho de Gerlache. Cuando ingresó al Canal Neumayer, a la altura del Cabo Herrera, donde hay una base inglesa, por fin, los dos expedicionarios tuvieron ante sus ojos la arrobadora experiencia de ver pasar un grupo de seis orcas frente a ellos. Es curioso que, de los 70 días que permanecieron en la Antártida, solo ese 25 de febrero lograran cumplir el objetivo central del proyecto que los convocaba. Ni antes ni después les fue posible volver a ver las orcas en la zona de estudio, como si esas luces en el cielo hubieran sido el feliz presagio del tan esperado momento que estaba por manifestarse de manera inminente.

REFERENCIAS Y FUENTES:

1) https://m.facebook.com/embajada.de.polonia/photos/a.495369117229774/2687051038061560/?type=3&__tn__=H-R

2) https://babelviajesmadryn.com.ar/la-historia-de-orcaman-el-hombre-que-se-metio-al-mar-para-comprobar-que-las-orcas-no-son-asesinas/

3) http://www.oocities.org/sdkkayaks/relatos.html

4) http://www.kayakero.com.ar/secciones/travesia/travesias/1999/orcaantartica.htm

5) https://www.ats.aq/devAS/Ats/Guideline/39864605-7e82-4f8e-a171-49bdb8423e4f

6) https://www.facebook.com/ENBASBUCEO/posts/1043088512423761

7) http://dziennik.com/polonia/ricardo-kruszewski-zdobywca-hornu/

 

 

viernes, 13 de septiembre de 2019

Sorprendente novedad actualiza el caso de dos extraños cilindros que se vieron sobre la Antártida en 1956


En una Jornada Ufológica realizada el sábado 31 de agosto de 2019 en la localidad de Rauch (Provincia de Buenos Aires) el profesor Rubén Morales develó inesperadas novedades sobre un avistamiento antártico sucedido hace más de 60 años. Habiendo pasado tanto tiempo, cuando ya parecía impensable la aparición de datos nuevos, han surgido reveladoras informaciones que dan actualidad a una observación de dos extraños cilindros en el cielo, realizada por científicos en la Isla Roberts, que se prolongó al menos durante dos días, cuyos estremecedores detalles se relatan en el libro "Los ovnis de la Antártida" (Ed. Argentinidad, Bs. As., 2018, pp. 261-272).


La "Primera Jornada Ufológica de Rauch" se presentó en el Salón Blanco del Palacio Municipal, a iniciativa de la Dirección de Turismo de esa comuna y tuvo como oradores a los investigadores Carlos Vales, Javier Stagnaro y Rubén Morales, con la colaboración logística de Orlando Burgos, todos integrantes del Café Ufológico RIO54, un grupo de interesados en el tema ovni que se reúne mensualmente en la ciudad de Buenos Aires.

Los misteriosos cilindros sobre la Isla Roberts (ilustración)
Luego de las palabras de presentación del Coordinador de Turismo de Rauch, Dr. Fermín Gándara Sica, el primer panelista fue Rubén Morales quien se refirió a un caso muy extraño citado en su libro "Los ovnis de la Antártida" acerca de la prolongada observación, durante dos días consecutivos, en el verano de 1956, de dos objetos cilíndricos estacionarios en el cielo, que por momentos realizaron increíbles acrobacias ante los ojos de cuatro hombres que integraban una misión científica chilena, en el marco de los preparativos para el Año Geofísico Internacional.

Fragata Baquedano, que trasladó a los científicos a la Isla Roberts. Fuente ver al pie: (1)
El episodio sucedió en la Isla Roberts (Islas Shetland del Sur, Mar de la Flota) aunque las primeras fuentes chilenas lo situaban en la Isla Robertson, en el Mar de Weddell. Queda la duda acerca de si ese equívoco se debió a una confusión fonética o bien a guardar reserva sobre el verdadero lugar de los hechos, teniendo en cuenta que esas fuentes tampoco citaban los nombres de los cuatro observadores.

Durante la conferencia en Rauch, Morales develó nuevos detalles, que recién ahora salen a luz, sobre este singular y muy poco conocido avistamiento antártico. Explicó que su trabajo de investigación debió pasar por varias etapas: El relato inicial que publicó en la primera edición de su libro (2016) se basó en las fuentes más confiables del país hermano, entre ellas el CEFAA, "Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos, organismo oficial de la Dirección General de Aeronáutica Civil, DGAC, que estudia los fenómenos aéreos anómalos que se presentan en el espacio aéreo de responsabilidad de la República de Chile" -según aclara la web oficial de ese organismo. En aquella primera edición, Morales añadió unos “Comentarios del autor” reflexionando que ya no había razón atendible para mantener el anonimato de los testigos, pasadas seis largas décadas después del avistamiento.

Pero tras la publicación de su libro, Morales recibió una comunicación del estudioso chileno Pablo Petrowitsch, quien resultó ser la persona que había originado el informe actualmente disponible en la web del CEFAA, por haber sido amigo de uno de los cuatro testigos en la Isla Roberts. Con gran generosidad, Petrowitsch facilitó a Morales importantes informaciones, comprendiendo bien que luego de tanto tiempo, ya era hora de hacerlo. Se supo entonces que los principales protagonistas del avistaje fueron el Dr. Ing. Jorge Moder Jorquera (agrónomo, geólogo y glaciólogo) y el Prof. Celestino Castro Alvarenga (biólogo), dos científicos de intachable currículum académico como investigadores y docentes en varias universidades de Chile, ambos fallecidos a la fecha.

El Sarg. 1º Héctor Juan Adofacci y Abelardo Báez, antes de viajar a la Antártida.
Al conocer esos nombres, Morales pudo reabrir la investigación y hacer una búsqueda online de documentos históricos que permitieron hallar valiosos datos de contexto para enriquecer la historia, así como descubrir quienes fueron los otros dos privilegiados testigos en la Isla Roberts: El técnico en biología Abelardo Báez y el Sargento 1º enfermero de la Marina Héctor Juan Adofacci.

Durante la conferencia en Rauch, el disertante dijo que esas informaciones le llegaron justo a tiempo para incluirlas en la segunda edición del libro "Los ovnis de la Antártida", que salió de imprenta en 2018 y se encuentra actualmente en las principales cadenas de librerías.

Tiempo después sucedió algo curioso: Según explicó el disertante, la mayor parte de los documentos históricos chilenos que había consultado en internet, de pronto dejaron de estar accesibles al público, sin motivos a la vista.

Fue justamente por no haber logrado ingresar a esos sitios que el investigador trasandino Patricio Abusleme Hoffmann hizo una consulta con Morales. Abusleme Hoffmann es el reconocido autor de un excelente libro que se titula "La noche de los centinelas", sobre el famoso episodio ufológico vivido por el cabo Armando Valdés cerca de Putre (Chile) en 1977.

Abelardo Báez, Celestino Castro y Jorge Moder en la Antártida
Abusleme Hoffmann se había procurado un ejemplar de "Los ovnis de la Antártida" y al ver tantos detalles nuevos sobre el caso de Isla Roberts no vaciló en encarar una investigación personal que pronto daría sus frutos. Para ello también contactó a Petrowitsch y finalmente consiguió lo que parecía imposible: ¡localizó y entrevistó a uno de los cuatro testigos que observaron los extraños cilindros en el cielo de Isla Roberts en enero de 1956!

El expedicionario antártico hallado es el Dr. Abelardo Báez, quien en el presente tiene 82 años pero cuando viajó a la Antártida tenía apenas 18 y era el joven ayudante del profesor de biología Celestino Castro. Por gentileza de Abelardo Báez, disponemos ahora de las primeras fotos que se conocen de esos cuatro hombres que fueron protagonistas de un fantástico encuentro con lo desconocido en aquella misión antártica.

Abusleme Hoffmann está preparando un informe con el detallado relato de Báez que incluirá en un libro cuya próxima publicación es muy esperada en los ámbitos ufológicos de Chile.  Entretanto, puede anticiparse que Báez afirmó que le resulta extraño que solo él y sus tres camaradas hayan declarado haber visto esos dos cilindros voladores, porque en sus rápidas maniobras los vieron alejarse en dirección a otras bases antárticas, desde las cuales tuvieron que haber sido perfectamente visibles y es muy probable que existan otros testimonios que nunca se dieron a conocer.

Cuando se publique el libro de Abusleme Hoffmann ¡tal vez estaremos en el comienzo de una nueva etapa de esta fascinante investigación sobre un caso realmente extraordinario!

 1) Fuente de la imagen: http://base.mforos.com/1716042/6550214-fragatas-clase-river-iquiquecovadonga-y-baquedano-exesmeralda/ 

domingo, 16 de junio de 2019

Reveladores informes norteamericanos sobre ovnis en la Antártida en tiempos de la Guerra Fría

Comentario introductorio del Blog Antártida Enigmática:
Por primera vez en español, presentamos el artículo de Yvonne S. Durfield publicado en 1978 en el Ideal’s Ufo Magazine de New York con el título "Informes de testigos oculares sobre la increíble invasión de ovnis a la Antártida". Evidentemente, el interés por recopilar historias antárticas sobre ovnis viene de larga data, pero se impone hacer una breve introducción.
En la página 272 y subsiguientes de la 2ª edición del libro de Rubén Gurú Morales "Los ovnis de la Antártida" se menciona este artículo, citando un informe del NICAP y un atinado comentario del investigador Michael D. Swords, según el cual "a pesar de cierto tono sensacionalista en el título, la autora parece haber consultado a personal militar y documentación reservada".
A raíz de la mención en ese libro,
el estudioso brasileño Rodrigo Moura Visoni pudo localizar el artículo publicado originalmente por Durfield y hoy lo ponemos a consideración de los lectores del blog Antártida Enigmática. El artículo contiene algunos errores e inconsistencias, pero en contrapartida ofrece una gran cantidad de datos muy poco conocidos sobre los cuales se puede reinvestigar y obtener nuevas conclusiones. También Durfield rescata la importancia que tuvo en este asunto el almirante George J. Dufek, un destacado militar al que la comunidad ufológica no parece haberle prestado mayor atención, y que seguramente nunca fue entrevistado en profundidad para dejar testimonio de sus experiencias con lo extraordinario en el continente blanco. En la década de 1950 Dufek era un hombre que acumulaba un poder y prestigio enormes en las fuerzas armadas estadounidenses, fue comandante del poderoso Operativo Deep Freeze que movilizó un vasto conjunto de tropas, vehículos y equipos a la Antártida con el principal objetivo de instalar bases permanentes, en el contexto de la Guerra Fría.
Otro aspecto muy singular en el que insiste la autora, se refiere a que diversos testigos simultáneamente a la observación del ovni aseguran haber percibido una voz dentro de su cabeza, como si estuvieran recibiendo una comunicación telepática... Pasemos, pues, a la lectura del muy interesante artículo de Yvonne S. Durfield:


Informes de testigos oculares sobre la increíble invasión de ovnis a la Antártida
Por Yvonne S. Durfield
 
La Antártida sería un escenario suficientemente extraño aunque no hubiera platos voladores: Tiene una superficie de cinco a seis millones de millas cuadradas, casi el doble del tamaño de los Estados Unidos de América. Cuatro quintas partes del hielo del mundo cubren esa tierra misteriosa. Las aguas de los grandes océanos -Pacífico, Atlántico e Índico- se unen en sus costas congeladas, y los científicos no están seguros de que la Antártida sea un único continente o si está compuesta por dos o más islas ocultas en gran parte bajo el hielo.
¡Cerca del 30% de la Antártida, hasta hoy, nunca ha sido vista por ojos humanos!  Dice el Dr. H. R. McConnell, de la Academia Nacional de Ciencias: "Sabemos más sobre la Luna que sobre el área que rodea el Polo Sur."
En la década de 1950, un  boletín sobre platos voladores aseveraba que áreas inexploradas de la Antártida estaban siendo usadas como una base de aterrizaje secreta por alienígenas de otra galaxia. El boletín informativo afirmaba que los visitantes extraterrestres vienen de un planeta con temperaturas de -50 ° F, y que el continente antártico es el único lugar donde pueden posarse para "descansar" mientras realizan largas misiones reconociendo la Tierra. El boletín hasta daba detalles sobre la fisiología de los extraterrestres: Criaturas de piel gris, de 9 a 11 pies de altura, con torsos gigantes, piernas y brazos minúsculos pero gruesos. Aunque ahora esto suena a sensacionalismo de otras épocas, incluso en 1978 una "invasión" de ovnis en la helada Antártida está siendo reportada por hombres destacados allí. "Yo sé de tres avistamientos recientes de ovnis", dice un comandante de la Marina de Estados Unidos. "Otros me hablaron del comportamiento perturbador de los ovnis y de extrañas fallas mecánicas y eléctricas asociadas a incidentes con ovnis. Hay definitivamente un fenómeno en acción aquí y nosotros no entendemos sus implicancias."

El Dr. George L. Dargusch, un veterano de expediciones en el hielo, confirma que objetos extraños han sido vistos por exploradores antárticos desde hace años, y que la mayoría no se preocupa en relatar esas historias. "Yo personalmente vi un disco naranja brillante que desafiaba cualquier explicación. Ese día nosotros estábamos ocupados con investigaciones sobre otro asunto, y nunca me preocupé en relatar 'mi' ovni a nadie."
Se debe recordar que la Antártida es un continente rodeado por océanos -bastante diferente al Polo Norte, que se encuentra en un océano rodeado de continentes. Debe recordarse, también, que los hombres sólo comenzaron a habitar la Antártida por períodos sustentables. Recién en los últimos años nuestra propia estación de investigación en McMurdo Sound, operada conjuntamente por la Marina de los Estados Unidos y la Fundación Nacional de Ciencias, mantiene operaciones durante todo el año -manejada por personal militar y científico con el espíritu de los antiguos exploradores, pero calefaccionada mediante una usina atómica instalada en la actual década de 1970. La Antártida sigue siendo una tierra salvaje donde, incluso con temperaturas "altas" (alrededor del punto de congelación, 32 ° F), un hombre puede quedar desorientado en una tempestad de hielo y morir a pocos metros de su refugio. La Antártida es un lugar donde los hombres piensan en su supervivencia y no tienen tiempo para dedicarse a los ovnis. A ellos no les gusta tener ovnis allá. Al contrario, eso les molesta.

El primer desembarco conocido en el continente antártico fue hecho por el capitán John Davis, un cazador de focas de New Haven que, en febrero de 1821, envió un barco lleno de hombres para conseguir pieles. Historias extrañas sobre objetos inexplicables en el cielo surgieron casi inmediatamente.
James Clark Ross, el gran explorador británico del hielo que, en 1842, descubrió el Monte Érebo, el volcán activo que aún lanza humo y crepitaciones a 13.550 pies por encima de la actual base de Estados Unidos en McMurdo Sound, puede haber sido el primer visitante en visualizar un ovni. De acuerdo con un registro realizado por uno de los tripulantes de Ross, "un extraño collar de... luces multicolores" fue visto "elevándose amenazadoramente sobre un bloque de hielo", desafiando toda explicación.
El teniente Adolphus Washington Greely, del Ejército de Estados Unidos, que encabezó una expedición a la Antártida en 1881 para realizar observaciones científicas, se refirió a un "conjunto extraño de luces" sobrevolando el barco en el que viajaba, el Proteus. "Las luces parecían navegar con alguna intención consciente", escribió. Tanto Ross como Greely estaban totalmente familiarizados con los fenómenos meteorológicos del continente austral, y es improbable que puedan haber confundido las conocidas luces aurorales de la Antártida con luces diferentes o extrañas que no pudiesen explicar.

¿Será que vinieron unos primeros exploradores alienígenas en naves espaciales, posiblemente usando la Antártida como una base de operaciones para espiar nuestro mundo? ¿Será que los alienígenas del espacio encontraron a los expedicionarios de la Antártida de principios del siglo veinte: Amundsen, Shackleton o Robert Scott (que murió junto a su grupo encallado en el hielo)? ¿Y que hay en cuanto a los relatos de que el almirante Richard E. Byrd vio un ovni durante una de las investigaciones científicas que montó antes y después de la Segunda Guerra Mundial?


No fue hasta la década de 1950 que los hombres lanzaron un asalto a gran escala al último continente inexplorado, y entonces los avistamientos de objetos aéreos desconocidos aumentaron drásticamente.
Como un preludio para el Año Geofísico Internacional de 1957-58, varias naciones emprendieron, sin dudas, la mayor investigación conjunta de la Antártida jamás intentada, acometiendo el estudio de la actividad solar, glaciología, oceanografía, meteorología, física auroral e ionosférica y una serie de otras áreas científicas. Los Estados Unidos contribuyeron con una enorme fuerza de tareas para su primera campaña sostenida de exploración científica en la Antártida, la Operación Congelada (Deep Freeze), que se realizó de 1954 a 1959 al comando del contraalmirante George J. Dufek. Era un veterano de las expediciones de 1939 y 1947 como Byrd. Dufek fue elegido porque, como alguien que lo conoció bien dijo, "él es un profesional accesible", un hombre realista con la saludable premisa de "ver para creer", típica de un escéptico. Dufek resultó ser uno de los oficiales estadounidenses de más alto rango capaz de hablar sobre el tema de los ovnis. Cuando se marchó a la Antártida, sin embargo, George Dufek no estaba pensando en platos voladores, sino en formar una expedición que comprometería doce buques, 3.300 hombres, la construcción de aeródromos en McMurdo Sound y Little America, y la construcción de cinco estaciones científicas en terrenos cubiertos de hielo nunca patrullados por seres humanos.
Así fue la Operación Congelada. La primera de varias expediciones en recibir la denominación de Congelada, fue la mayor investigación jamás hecha en los hielos de la Antártida, y sus integrantes casi inmediatamente se vieron con un problema extra que no esperaban: Ovnis.

A principios de 1956, uno de los aviones bimotores R4D del almirante Dufek -la versión del DC-3 de la Marina- decoló de la pista de hielo de McMurdo Sound para una misión de entrenamiento, una de las muchas que precederían al primer aterrizaje de ese avión en el Polo Sur con Dufek a bordo un 31 de octubre de aquel año. El piloto de esa aeronave todavía está en la Marina y pide que su nombre verdadero no sea usado en el siguiente relato, publicado aquí por primera vez. Lo vamos a llamar teniente (2º teniente) Jim Foster.
Foster comprimió el tren de aterrizaje combinado de rueda y esquí del avión, entregó los controles a su copiloto y se recostó. El R4D subió lentamente a través del aire turbulento en un cielo azul claro, con vistas a un vasto panorama de hielo blanco. De repente, una voz estalló en el interfono. "¡Tenemos compañía!", Declaró el operador de radio de Foster.
Foster miró a través de las condensaciones de su propia respiración -incluso con el calefactor encendido, se estaba congelando en el avión- y avistó algo más allá de la punta del ala izquierda.
Al principio creyó estar viendo una mancha de tierra que se proyectaba a través del hielo. Entonces Foster percibió que la "cosa" se estaba moviendo.
"¡Eh, eso es una aeronave!", Gritó el copiloto.
"No hay otros aviones en el aire!"
"Bueno, eso está volando, ¡Y bien al lado nuestro!"
"Si si. Gire un poco hacia la izquierda. Quiero tener una visión mejor."

De repente, el notable objeto volador estuvo a plena visual de los hombres. Parecía estar balanceándose en el aire, a la misma velocidad y a pocos metros de la punta del ala. El teniente Jim Foster recorrió con su mirada esa configuración perfectamente redonda en forma de plato, con una pequeña cúpula en el centro.
"No tenía alas, y aparentemente dependía del formato redondeado para la sustentación. Era del mismo color de una aeronave sin pintura en aluminio natural, y la cúpula en el centro recordaba a la carlinga "burbuja" típica de la cabina que se usaba en los cazas de la Segunda Guerra Mundial. No había marcas o insignias de ningún tipo. Podíamos ver chorros de materia gaseosa fluyendo detrás del objeto, como gases de escape".

Los cinco hombres a bordo del R4D de Foster observaron este objeto volador, que permaneció en formación con ellos durante unos dos minutos. El avistamiento fue confirmado por el operador de radio. El teniente añade: "Definitivamente eso no era sólo algún tipo de luz o alguna aparición, como un espejismo. Era una aeronave funcional, real y sólida. En cierto momento, la aeronave pasó por debajo de la punta de nuestra ala y vimos nuestra propia sombra contra la superficie gris-plateada del objeto. Todos nosotros sabíamos que no había ninguna aeronave que respondiera a esa descripción en la Antártida... al menos ninguna pilotada por seres humanos."

Y eso no es todo: uno de los tripulantes dijo haber oído "voces" en su cabeza (que ahora son más familiares), como si alguien estuviera tratando de comunicarse con él usando telepatía y una lengua extranjera. La sensación le causó un intenso dolor de cabeza y fiebre. Los médicos no pudieron encontrar ninguna explicación.

Añade Foster: "La cosa se comportó exactamente como un avión de caza. Era como si hubiéramos penetrado en el espacio aéreo de alguien y ese alguien viniera a observar para ver si éramos hostiles. Cuando quedó aparentemente satisfecho con lo que vio, giró a la izquierda, se niveló sobre el hielo y voló alejándose."
Este avistamiento ocurrió cuando los militares de Estados Unidos aún estaban investigando los ovnis -el Proyecto Libro Azul de la Fuerza Aérea no fue abandonado hasta 1969- y Jim Foster, respetuosamente, intentó cumplir con el reglamento 200-2, que exigía presentar un informe sobre un incidente ovni.
No fue fácil. Nadie en McMurdo Sound tenía los formularios respectivos. Además la correspondencia se enviaba cada seis semanas. Eventualmente, Foster y la tripulación consiguieron enviar un informe a los investigadores del Libro Azul en la Base Aérea Wright-Patterson, Ohio. Luego "nunca supimos lo que sucedió con ese informe."
"Si me hubieran preguntado", concluye Foster, "yo habría insistido que el objeto era una aeronave perteneciente a una nación avanzada o una nave espacial alienígena. Pero nadie me preguntó nunca".

Cuando la Operación Congelada se prolongó en la Antártida durante 1957-58, los rastreos por radar de ovnis se tornaron casi comunes. Hasta entonces, expertos en electrónica tenían conocimiento sobre perturbaciones magnéticas inusuales cerca del Polo Sur y podían distinguir esos fenómenos naturales del rastreo de objetos reales. Dice PH1 Steven B. Buggs, un integrante de la Congelada: "Logramos rastreos de radar que fueron confirmados por operadores en tres o cuatro lugares diferentes, en el aire y en el suelo. No había absolutamente ninguna duda de que verdaderos ovnis estaban siendo observados regular y frecuentemente. "

Exploradores antárticos de otras naciones también identificaron intrusos bizarros durante la "ola" de avistamientos de 1957-58. El teniente comandante O.R. Pagani (en el artículo en inglés decía erróneamente Pagnini), asistente especial del Secretario de la Marina argentina, confirmó que un ovni "voló a baja altura e interfirió en el paso de uno de nuestros navíos." En 1958 cuatro científicos en una estación de investigación meteorológica de Nueva Zelanda avistaron un objeto volador reluciente en forma de disco.
Durante este período, la Unión Soviética estableció el puesto científico Vostok cerca del Polo Sur Geométrico. Los rusos también comenzaron rápidamente a localizar objetos inexplicables en los cielos. El Dr. Yuri I. Danikov, uno de los principales expertos en glaciares de Moscú, fue uno de los cuatro hombres que fueron "importunados" por un disco plateado a baja altitud el 11 de octubre de 1958.
"Era como una piedra plana, pero aparentemente hecha de acero, y se movía en total silencio", dijo Danikov más tarde. "Este objeto voló sobre nosotros, subió y luego hizo otro paso a baja altitud. Nosotros tuvimos una sensación extraña, no sólo de que estábamos siendo observados, sino que alguna 'fuerza' estaba tratando de comunicarse con nosotros. Recuerdo una agitación en mi mente. Estoy absolutamente convencido de que la cosa era un viajero del cosmos."

Sí, los visitantes extraños del cielo son una parte vital de la historia de la Antártida. Pero, hasta donde se sabe, sólo un hombre ha visto a un visitante extraño -no en el cielo, sino en el propio hielo.

Una criatura humanoide ambulante.
AQ1 Roger D. Benson, de 30 años, de Norfolk, Virginia, estaba transportando una carga de materiales residuales a un lugar de McMurdo, a la sombra del Monte Érebo, el 11 de diciembre de 1958. Era un día "caluroso", alrededor de 20 ° Fahrenheit, y Benson estaba dirigiendo uno de los robustos vehículos con orugas W-11 Weasel, que hace tiempo reemplazaron a los trineos como  principal medio de transporte en la región polar. Cuando conducía paralelamente a un área de grietas profundas en el hielo, Benson divisó, a su derecha, un objeto en la distancia.
"No debería haber nada allí. Me produjo curiosidad. Avisé por radio que estaba saliendo de mi vehículo, salté al hielo y eché un vistazo más de cerca.
Al principio, pensé que estaba mirando a algún objeto formado por vigas, como una torre de observación o una gigantesca antena de radar. Miré a través de los binoculares. Yo estaba viendo lo que se asemejaba a una visión lateral de un fuselaje de avión, y las 'vigas' eran una red de estructuras de soporte como si fuera el tren de aterrizaje.
Este "fuselaje" era una cápsula de metal en forma de cigarro con una pequeña muesca que podría haber sido una puerta. Toda esta cosa parecía estar a unas 500 yardas de mí, lo que haría el objeto del mismo tamaño de un avión DC-3 -aunque estoy completamente familiarizado con aeronaves, eso no era ningún avión que perteneciera a nosotros o a los rusos.
Entonces vi la criatura."

De repente Benson estaba temblando, y no de frío. Bajo el objeto estacionado, una criatura con características semi-humanas caminaba lentamente en círculos. "El ser era muy delgado y de color grisáceo. Los brazos se balanceaban mientras caminaba sobre el hielo. De lejos, yo no podía estar seguro, pero parecía tener características faciales parecidas a las humanas, ¡excepto que la cara consumía casi dos tercios de toda su altura!
Me da vergüenza decir ahora que hice exactamente lo que no debía, contrariando el entrenamiento recibido. Entré en pánico. Trepé a mi vehículo, volví a la base y grité por la radio. Después de unos segundos, me controlé lo suficiente para mirar hacia atrás. La cápsula del 'fuselaje' -menos el tren de aterrizaje en forma de viga, que podría haber sido recogido- estaba ahora subiendo en el aire. Me detuve el tiempo suficiente para ver a esa cosa volar lejos, presumiblemente con aquella extraña criatura dentro.


Benson discutió el avistamiento con sus amigos. Entonces supo que el segundo mensaje por radio -el grito de pánico- nunca fue recibido.
Nadie más pudo confirmar este avistamiento. Además, Benson no lo relató a sus superiores ("El miedo a ser ridiculizado por causa de los ovnis es muy fuerte en la Marina"). Recién describió el incidente a esta escritora casi dos décadas después de haber ocurrido. Su historia, entonces, no es una que de satisfacción a los investigadores serios de ovnis o que brinde un esclarecimiento sobre el misterio de los ovnis.
Debe decirse, sin embargo, que Benson es un hombre de palabra tranquila y seria, con una buena reputación, y no tiene nada que ganar con un fraude o un relato embellecido. Roger Benson no es un fan de los ovnis. Al igual que muchos testigos de un "contacto cercano", es un ciudadano común y un militar que fue forzado por las circunstancias a concluir que los ovnis son un asunto serio.

Esto es exactamente lo que le pasó a su comandante -el almirante George J. Dufek.
Cuando estaba retornando a casa en ocasión de su retiro después de la conclusión exitosa de la Operación Congelada II el 11 de marzo de 1959, el almirante Dufek fue acorralado por un reportero del servicio de noticias de Reuters en el lobby del hotel en Wellington, Nueva Zelanda. El reportero había escuchado varios rumores acerca de avistamientos de ovnis en la Antártida. ¿Que pensaría el almirante Dufek sobre eso?
Era costumbre, en ese período de la historia norteamericana, que los oficiales de alto rango despreciaran el tema de los ovnis. De hecho, el experto en ovnis Donald Keyhoe afirma que el Pentágono había ordenado que los generales y los almirantes negaran los informes sobre los ovnis. Pero George Dufek era un pensador independiente... y algo le había sucedido, en el hielo, para moldear sus puntos de vista. "Yo creo", dijo tranquilamente, "que la existencia de platos voladores no puede ser desconsiderada."
Con gesto pensativo, añadió: "Me parece muy estúpido que los seres humanos piensen que nadie más en el universo sea tan inteligente como nosotros." Prosiguió diciendo que algunos informes de aparentes aerolitos probablemente eran "discos venidos de Venus u otros planetas, tripulados por seres inteligentes."
Por entonces se comentó que la franqueza de Dufek sobre el asunto no fue bien recibida por sus superiores del Pentágono. Actualmente vive en Newport News, Virginia, donde hasta hace poco dirigió el mundialmente famoso Museo de los Marineros. George Dufek, de 78 años, niega esos rumores.
Todavía cree que los platos voladores pueden ser reales. "Nunca fui criticado por expresar mi opinión", explica "Fue simplemente una opinión particular que desarrollé luego de escuchar informes de personas que los vieron."

Durante las décadas de 1960 y 1970, las operaciones científicas semipermanentes continuaron en la Antártida y, con ellas surgieron nuevos relatos de intrusos misteriosos en los cielos.
Los relatos de objetos voladores no identificados en el hielo polar parecen venir en rachas, en etapas, de acuerdo con el editor de ciencia del New York Times que acompañó una expedición al Polo Sur y también escribió un libro sobre la vida inteligente en el universo (No estamos solos, New York: McGraw-Hill, 1963). Sullivan no tiene conocimiento de incidentes sobre ovnis reportados en la Antártida entre 1959 y 1965, pero dice que una nueva ola de avistamientos comenzó en ese último año.
El 3 de julio (en el artículo en inglés decía erróneamente enero) de 1965, en la Isla Decepción de la Antártida, científicos chilenos y argentinos relataron ver objetos voladores extraños en la oscuridad, flotando por varios minutos y cambiando de color de rojo y verde a amarillo, azul, blanco y naranja. Hubo interferencia en las transmisiones de radio mientras el objeto oscilaba en el cielo, y un observador chileno relató "un zumbido en mi cabeza, como algo tratando de entrar a mi mente."

En enero de 1965, los soviéticos estaban en acción nuevamente. En Vostok, un avión llyushin-18 a punto de aterrizar fue perturbado por tres objetos azules pulsantes en forma de cúpula. Al relatar su experiencia a los colegas estadounidenses más tarde, la tripulación del avión ruso describió los acontecimientos que a menudo parecen acompañar los incidentes de ovnis: la brújula magnética del avión comenzó a girar violentamente, la radio se apagó, se oyó un sonido extraño y estridente en el intercomunicador y los motores comenzaron a escupir y toser.
A bordo del avión, el Dr. Mikhail N. Serov, un soviético experto en glaciares, se convirtió en otro de los muchos que oyeron voces. "No era como alguien hablando. Parecía, sí, un grupo de almas perdidas, coreando un réquiem en un cuarto cerrado." Esta cita poética es de un estadounidense que habló con Serov, quien agrega que Serov creía estar recibiendo una comunicación extraterrestre.
La "ola" de avistamientos de 1965 fue coronada por dos avistamientos separados por tripulantes estadounidenses de aeronaves C-130 -el mismo avión involucrado en un incidente de 1977, relatado más adelante en este artículo. En uno de esos avistamientos, el alférez de la Armada estadounidense Robert F. Herman quedó tan preocupado que escribió un informe a su congresista, Burton Talcott (republicano de California). Un pasaje de la carta de Herman dice:
"Estábamos en el aire confrontados con una nave voladora de bordes puntiagudos, semejante a un disco, que anticipó todas nuestras maniobras, persiguió nuestros rastros y era pilotada por alguna entidad pensante, pero no era -en mi opinión- un ser humano. "
Talcott pasó la carta al Pentágono, pero, por lo que Herman sabe, ninguna medida se tomó.

Los avistamientos de ovnis continúan en profusión ahora que existe una presencia estadounidense semipermanente en la Antártida. Desde 1973, el trabajo de la Marina ha sido financiado por la Fundación Nacional de Ciencias, que ahora lidia con prácticamente todas las operaciones de Estados Unidos en el continente. Así, el último refugio del mundo se está convirtiendo en un hábitat para un número creciente de observadores entrenados, y el portavoz de la Marina, Andrew L. Gardner, confirma que hubo al menos trece incidentes de "credibilidad variable" reportados solamente en el año 1977.
En uno de esos incidentes del año pasado, el piloto de un C-130 de la Marina estadounidense, en lo alto de la Antártida, miró hacia arriba y vio el propio avión siendo perseguido por un objeto gigantesco en el cielo frío sobre la barrera de hielo de Ross. Con una luz pulsante rojo-anaranjada, este enorme objeto en forma de disco parecía estar bajo control inteligente. El C-130 quedó empequeñecido cuando el objeto se colocó al lado del avión, luego se deslizó sobre la aeronave y su sombra dejaba el interior del avión en la semioscuridad.
Hubo pánico y confusión. El piloto encontró sus controles congelados, incapaces de responder normalmente. Los instrumentos funcionaban solos. El aire se volvió áspero. Un hombre se sintió súbitamente enfermo. Otro oía "voces" en la cabeza. La radio dejó de funcionar. "Uno de los hombres empezó a gritar", dijo el piloto. "El objeto parecía dispuesto a empujarnos fuera del cielo. Era muy peligroso ... ".
En última instancia, el objeto se desvió y voló sobre una extensión blanca desierta, a miles de kilómetros de cualquier base conocida.
¿Qué significa todo esto?
¿Los visitantes interplanetarios tienen bases de aterrizaje secretas en la remota y desolada Antártida? ¿Se trata de las criaturas humanoides descriptas por Roger Benson? ¿Es posible que algunos exploradores de la Antártida recibieran mensajes, telepatía, "voces" o lo que sea de esos intrusos? O acaso existe alguna respuesta terrenal para el enigma de los ovnis, uno de los muchos misterios en la región más indomable del mundo.

Uno de los principales exploradores estadounidenses de la región polar "allá abajo", el vicealmirante Richard H. Cruzen abordó estas cuestiones cuando acompañó a Byrd a la Antártida en 1939 -antes de que "plato volador" y "ovni" se convirtieran en palabras de nuestro vocabulario. De modo que Cruzen no hablaba de ovnis como tales, simplemente comentaba sobre el vasto vacío de la Antártida y el mero significado de estar vivo.
Citado por un corresponsal de UPI, Cruzen dijo: "Debe haber formas de vida que no conocemos. Debe haber mundos que no entendemos. Nosotros, hombres, somos criaturas pequeñas e insignificantes en un universo sorprendente. Puede haber muchas cosas (en la Antártida) que nuestros hijos y sus hijos todavía estarán esperando para comprender."

Mientras este texto está siendo escrito hay menos de seiscientos seres humanos habitando un continente mucho mayor que los Estados Unidos. Todos ellos, en cierto sentido, son como astronautas temporalmente presentes en alguna superficie lunar hostil. Ellos son transitorios. Puede llevar décadas hasta que haya comunidades, una genuina sociedad humana, en la Antártida.
Mientras tanto, el continente mantiene sus misterios. Y uno de ellos, el misterio de los ovnis que está lejos de ser resuelto, como siempre lo fue.

Fuente de texto y fotos: The eyewitness report of the incredible ufo invasion of Antarctica, Ideal’s Ufo Magazine. New York: Ideal Publishing Corp, nº 2, jun. 1978, p. 44-50. Agradecemos el material a Rodrigo Moura Visoni.

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