jueves, 18 de mayo de 2023

“Hay mucho secreto en todo esto, pero también hay casos que tuvieron repercusión mundial”



Entrevista al Prof. Rubén Morales (autor del libro “Los ovnis de la Antártida”) realizada por el historiador Prof. Carlos Gigliotti en el stand del Grupo Argentinidad de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el 6 de mayo de 2023. El autor dio detalles acerca de cómo localizó los documentos y testimonios publicados en su libro y cree encontrar un común denominador en estos casos antárticos “parecen grandes espectáculos especialmente montados para un auditorio mínimo”. Entre otros temas, se refirió también al histórico ocultamiento oficial y a las comisiones investigadoras de ovnis en Estados Unidos y en la Argentina.



Carlos Gigliotti: -En el stand del Grupo Argentinidad tenemos ahora a un escritor que es autor de un libro sobre un tema muy interesante, un tema que me apasiona y vamos a ver si podemos plantear algunas preguntas que revelen lo que sabe este escritor. Quiero presentarles al señor Rubén Morales, gracias Rubén por estar!


Rubén Morales: -Un gusto Carlos, un gusto estar aquí, contento de que el libro “Los ovnis de la Antártida” más allá de las gratificaciones que pueda darme como autor es un libro que de alguna manera está vivo, sigue produciendo repercusiones, hay gente que tanto aquí como en otros países ha profundizado en sus contenidos e investigaciones. En ese sentido es un libro muy particular, porque a diferencia de otros sobre temas similares contiene muchas citas bibliográficas, fotos, nombres y apellidos de los protagonistas, de esos integrantes de las dotaciones antárticas que me dieron su testimonio en primera persona. El libro no se cierra en sí mismo, tiene materiales que pueden ser revisados, reinvestigados, y ha causado repercusiones en nuestro país pero también en Chile, Brasil, Gran Bretaña…  que ratifican los contenidos publicados.  


C.G,: -Antes de hablar del libro hablemos un poco de fenómeno en sí, el tema ovni tiene su mística a partir de esa observación que realizó un piloto civil en Estados Unidos en 1947 acuñando para la historia el término “plato volador” y casi simultáneamente se produjo el episodio de Roswell… ¿Cómo evolucionó la ovnilogía desde aquel momento hasta hoy? 


R.M.: -Es complejo dar una única respuesta porque desde 1947 efectivamente hay gente que aborda el tema desde un punto de vista místico centrándose en promover todo lo relacionado con lo extraterrestre y hay otros qué preferimos un enfoque fenomenológico, tal como lo han hecho por ejemplo los proyectos de investigación de las fuerzas armadas de Estados Unidos, o como el proyecto que está desarrollando ahora el Pentágono si bien con una orientación totalmente diferente a la que tenía el conocido proyecto Blue Book.


La ufología es lo que los ufólogos han hecho de ella. Hay distintas líneas de pensamiento que van desde lo científico a lo espiritual, pero si nos referimos a los ovnis que se vieron en la Antártida tenemos que pensar en personas con formación científica, militar, técnica, con capacidad para producir informes, documentos, sobre las observaciones que realizaron. Y siempre que existan documentos se pueden realizar nuevas pruebas y obtener nuevas conclusiones ¡eso es muy bueno! 


C.G.: -Siguiendo en esa línea de pensamiento, el proyecto Libro Azul trató de ocultar la realidad, en cambio el proyecto actual del Pentágono tuvo que revisar todo porque aviones F-16 de los Estados Unidos filmaron y grabaron objetos extraños, ya no se pudo ocultar más lo que pasaba. Ahora bien ¿Cuál fue el salto cualitativo para que el Pentágono tome en serio estos temas?


R.M.: -El Pentágono ya venía investigando de manera reservada pero hacia 2017 Luis Elizondo, un ex funcionario del Pentágono, fue el primero en difundir unos videos que luego fueron reconocidos como auténticos oficialmente. Eso hace que ahora el Pentágono plantee  ante la prensa y el Congreso que los ovnis pueden significar una amenaza para la soberanía y la seguridad nacional, algo muy parecido a lo que pensaban en la Argentina -sin ser debidamente escuchados- el capitán Omar Roque Pagani y el capitán Daniel Perissé. También hay que decir que en la Argentina también hubo comisiones oficiales investigadores del tema ovni, incluso desde 2011 existe una comisión que funciona ininterrumpidamente en el seno de la Fuerza Aérea.


C.G.: -Vamos a otra pregunta ¡porque tendría muchas preguntas para hacerte! Hablemos de lo que sucedió en Colares, Brasil, eso fue algo tan brutal, tan violento que tuvo que intervenir el Departamento de Estado brasileño enviando las Fuerzas Armadas. Contame algo de ese caso y como repercutió en América Latina.


R.M.: -Sí, aclaremos de entrada que ese caso no tiene que ver con temas de mi libro, pero se refiere a unos hechos lamentables, terribles, sucedidos en los años 70 en la isla Colares situada en el Amazonas brasileño, dónde hubo una sucesión de luces y rayos que atacaban a los pobladores provocándoles todo tipo de daños, quemaduras y lesiones, se trata de uno de los hechos más extraños que hayan sucedido en Latinoamérica. La Fuerza Aérea de Brasil envió una comisión al mando de un capitán de apellido Holanda Lima, la llamada “Operación Plato”. Años después Hollanda Lima dio detalles en una larga entrevista a la revista UFO y pocos meses después fue hallado muerto, se dijo que por suicidio. Existe la sospecha de que episodios como los de Colares tal vez puedan relacionarse con algún experimento social realizado en un lugar apartado como ese, con fines inconfesables. Hay varios libros sobre el tema, recuerdo uno, “Vampiros del espacio”.


C.G.: -Al leer tu libro “Los ovnis de la Antártida” es incontrastable  la cantidad de personas que atestiguaron fenómenos extraños en ese territorio. ¿Cómo pudiste acceder a esas informaciones que en muchos casos se consideran secretas o que al menos no es nada fácil obtenerlas?


R.M.: -Es cierto, hay mucho secreto en esto, pero también hubo casos que tomaron estado público y tuvieron repercusión mundial, como los sucedidos en 1965 en dos bases de la Armada: Isla Decepción y el histórico Destacamento Naval Orcadas. Tal es así que la Armada Argentina a través de la Secretaría de Marina emitió dos comunicados públicos avalando esos avistamientos y lo mismo hizo la Fuerza Aérea de Chile (FACh) por las observaciones que se realizaron desde la base chilena Presidente Pedro Aguirre Cerda en la Isla Decepción. En cambio, los británicos que también estaban en la misma isla prefirieron callar y el informe que habían enviado al British Antarctic Survey en 1965 recién se desclasificó en el año 2018 ¡después de la publicación de mi libro! 

Y como siempre surgen nuevas informaciones me vi obligado a crear un blog, que se llama Antártida Enigmática, donde voy incorporando las novedades que no entraron en el libro.


Pero esos hechos de 1965 marcaron un antes y un después en las observaciones antárticas, el por entonces Teniente de Fragata Daniel Perissé era Comandante del Destacamento Naval Decepción y le tocó ser uno de los testigos privilegiados, para luego convertirse en investigador y divulgador del tema ovni. Conté con su amistad, me relató lo sucedido y además me presentó a otros integrantes de esa dotación a los cuales pude entrevistar. A través de todos esos testimonios fue posible reconstruir esos casos que integran el núcleo central del libro, pero hay algo muy importante para remarcar: En aquel invierno de 1965, al divulgarse en la prensa mundial los comunicados de la Armada Argentina, los diarios de Nueva Zelandia, de Estados Unidos, de Europa, mismo de Inglaterra. publicaron que se habían observado ovnis… ¡en la Antártida Argentina! ¡con lo cual impusimos en el mundo un discurso de soberanía a través de un tema totalmente lateral! Muy pocas veces se tiene en cuenta el hecho de que la soberanía se ejerce también desde el discurso y todo el mérito fue de Perissé, quien desde la Isla Decepción informó a los mandos lo que habían visto para que se enviara a la prensa. 


El libro incluye numerosas observaciones tanto de bases argentinas como de otros países, por ejemplo en 1956 cuatro científicos chilenos tuvieron la experiencia extraordinaria de estar varios días observando permanentemente dos extraños cilindros en el cielo y gracias al libro se pudo establecer la identidad de todos ellos que hasta entonces ni siquiera era conocida públicamente en Chile. Gracias al libro, también, el periodista chileno Patricio Abusleme Hoffman logró localizar a uno de esos cuatro testigos, el único que aún vive. Y cuando le preguntó si era cierto que habían visto estos fenómenos durante dos días seguidos este hombre le respondió “¡no! ¡para mí fue más tiempo!”…  Casos como éste nos demuestran que la información contenida en el libro puede seguir disparando nuevos testimonios, nuevos datos, porque hay muchos archivos que todavía siguen clasificados, que no se han dado a conocer, en diversos países. 


C.G.: -¿Cual es la causa por la cual esos distintos países que tienen departamentos de ovnilogía son tan reacios en brindar la información? ¿cual es el miedo? ¿cual es el conflicto? ¿que implicaría dar a conocer la información que tienen depositada en sus archivos?


R.M.: -Es difícil dar una respuesta única. En el caso de las bases antárticas recordemos que dependen de mandos militares o de gobiernos, es decir organismos a los cuales no les gusta que haya desorden en sus esquemas y el hecho de observar algo extraño, algo diferente, marca una ruptura de ese orden. Hay en mi blog un fenómeno aéreo muy extraño que me fue relatado luego de la edición del libro por Juan Carlos López (un experto en el estudio de las orcas) quien en 1991 estaba en un lugar de la Antártida que se llama Puerto Neko y junto a sus compañeros de expedición vio pasar numerosas luces, unas atrás de otras, haciendo zig-zags. Y al día siguiente cuando él llama por radio a Base Decepción para preguntar si había maniobras aéreas o fenómenos astronómicos que pudieran provocar el incidente, la respuesta del operador fue: “No, no hubo nada, pero en la Antártida,… siempre conviene mirar para abajo”…  Criterios parecidos se aplican a diario en muchos organismos oficiales provocando que mucha información continúe oculta aunque no signifique peligro alguno para la seguridad nacional.


C.G.: -Al investigar casos de la Armada ¿Tuviste contacto directo con gente del edificio del Estado Mayor de la Armada?


R.M.: -Estuve en el edificio de Comodoro Py, también en otros archivos y bibliotecas de la institución, en hemerotecas, estuve en todos los lugares posibles donde pudiera encontrar información. En esa búsqueda hallé gente que me dio una gran colaboración, muy generosa, a quienes les agradezco sinceramente, y también hubo otros que me la negaron de manera tajante.


C.G.: -Y de los muchos casos que has investigado ¿Cuál es el que te genera más interrogantes? ¿cual es el que te hace pensar que estamos ante un verdadero ovni?


R.M.: -Hay algo muy particular en estos casos antárticos. Consideremos que la Antártida es un lugar aislado, qué tiene horizontes inmensos, un cielo limpio, no contaminado… Si se presta atención a ciertos relatos parecen hablar de eventos preparados exclusivamente para ser vistos por una o unas pocas personas, son grandes espectáculos dedicados a un auditorio mínimo, eso fue muy patente en el caso de estos cuatro científicos chilenos que en 1956 estaban en un refugio de la Isla Roberts y tuvieron a dos cilindros suspendidos sobre sus cabezas durante más de dos días. Esos cilindros ¡de alguna manera trataron de interactuar con ellos! y entonces surgió el gran problema ¿cómo comunicarse con algo desconocido? porque los objetos estaban quietos ahí, ya los habían fotografiado, los habían filmado… ¿que más hacer? En determinado momento, uno de los científicos, el Dr. Jorge Moder, tomó un proyector de luz polarizada y empezó a hacerles señales. En respuesta, uno de los objetos comenzó a bajar, pero el científico que estaba junto a Moder -el biólogo Celestino Castro- se alarmó porque los índices de radioactividad habían aumentado 40 veces. Si el objeto seguía acercándose pondría sus vidas en peligro. Castro le arrebató el proyector de luz polarizada, lo arrojó al piso y lo rompió en pedazos para dar por terminada la experiencia. Acto seguido, el cilindro metálico volvió a ascender hasta su posición anterior…

Este episodio nos marca la complejidad de comunicarnos con una cultura o con una inteligencia diferente. ¿Qué podemos decir más allá de “hola, que tal”? Ese desafío comunicacional queda planteado en estas experiencias antárticas.


C.G.: -Voy a hacerte una pregunta que te podría hacer cualquier persona. Cuando vos estabas desarrollando el libro ¿Tuviste algún tipo de presiones para que no cuentes tal o cual cosa?


R.M.: -…No, no creo haber recibido presiones o cosa similar, sí he conocido a personal de las fuerzas armadas que me ha dicho que no conviene hablar de estos temas o me ha relatado alguna experiencia impactante, inexplicable, para luego advertirme “yo le comento esto a usted pero si alguien me pregunta voy a decir que yo no lo conozco”.  


Los casos que están relatados en el libro tienen en cuenta ese tipo de situaciones para no herir susceptibilidades, hay gente que tiene información pero no se anima a darla a conocer. Soy consciente de que existe esa información, en algunos casos sé incluso dónde se encuentra, pero no puedo acceder a ella. Sería importante que a nivel oficial se hiciera algo al respecto, estimado Carlos, porque si uno se presenta como un docente, como un estudioso, como un investigador civil sin un respaldo oficial, en algunos casos te facilitan la información y en otros no. Yo sé que hay documentos por desclasificar, que hay fotos y hasta videos que no están accesibles para su estudio y algún día pueden perderse para siempre.


 C.G.: -¿Cómo está hoy en día el estudio del fenómeno ovni en la Argentina y que lugar ocupa el tema dentro de las Fuerzas Armadas?


R.M.: -El fenómeno ovni siempre fue un tema de investigación para las Fuerzas Armadas, y en una visión histórica hasta podría decirse que las investigaciones de la Marina eran más interesantes que las de la Fuerza Aérea. En ambas fuerzas, a lo largo del tiempo siempre hubo comisiones investigadoras del tema, sean oficiales, semioficiales, públicas o reservadas. En este momento la Fuerza Aérea tiene una comisión que se denomina CIAE,  Centro de Investigación Aeroespacial, no es ningún misterio, pueden ver el link en la web de la Fuerza Aérea. Y esa comisión emite un dictamen anual con la resolución de los casos que investiga, sobre todo se trata de casos que tienen una explicación convencional.


Pero además hubo comisiones ovni en otros organismos militares como el CITEFA, y estas investigaciones del ámbito militar no siempre se realizaron con el mismo criterio, por ejemplo el Capitán Omar Roque Pagani (de la Armada) pensaba que a través de este tema se podía llegar a un gran descubrimiento y que el país que obtuviera ese descubrimiento ganaría preponderancia sobre los demás. Por su parte, el Capitán Daniel Perissé sostenía que la investigación ovni debía considerarse un tema de Estado, que reclamaba la intervención del Ministerio de Defensa (como se está haciendo ahora en Estados Unidos) ante fenómenos que hacen intrusión en el espacio aéreo nacional y eventualmente se sumergen en el mar. Digo esto para que se entienda que en las Fuerzas Armadas hay muy diferentes puntos de vista acerca de estos temas.


C.G.: -Con todo lo que has estudiado con todo el trabajo de campo y de archivo que has realizado ¿Cuál es tu opinión personal sobre el fenómeno ovni? 


R.M.: -En principio, ¿qué pasaría si en vez de haber un fenómeno hubiera más de uno, varios, distintos, que cometemos el error de unificar para simplificar el pensamiento? Lo más importante no es que haya un fenómeno, sino que haya un enfoque fenomenológico en el investigador, en vez de ceder al facilismo de salir a probar la hipótesis que más lo apasiona.

El aprendizaje que me deja este tema es que la realidad no es tan sencilla como la muestran en la televisión ni como la enseñan en la escuela, la realidad es mucho más amplia, tiene una complejidad que tratamos de simplificar, tiene elementos fuera de nuestra comprensión que a veces afloran, que de pronto emergen bajo la forma de una realidad diferente. Todos pasamos en algún momento de la vida por este tipo de episodios pero, y eso quiero dejarlo muy claro, no necesariamente se relacionan con “lo extraterrestre”, pueden ser unos aspectos ocultos de una realidad que habitualmente está velada y en alguna circunstancia especial se hace momentáneamente visible. 


C.G.: -Me la dejaste picando y partiendo de lo que vos dijiste, Rubén Morales, te lo tengo que preguntar: ¿Estás en condiciones de aceptar la realidad de otras razas que nos visitan? 


R.M.: -¡Por supuesto! Sí, en realidad no me gusta hablar de “razas extraterrestres” porque no deja de ser un criterio racista y estamos en una época de inclusión a nivel global.

Desde luego, debe haber otras civilizaciones, otras culturas, en muchos lugares del universo. Expliquémoslo de esta manera: Si yo fuera extraterrestre -algunos dicen que lo soy- y me invitan a participar de un tour hacia el sistema solar yo diría inmediatamente que de todos los planetas que orbitan el Sol ¡me interesa sobre todo conocer la Tierra! Porque Marte podrá ser un planeta muy lindo, con todo ese paisaje rojo hasta el horizonte, pero es  muy desolado y aburrido ¡En la Tierra hay más movimiento, acá es todo mucho más interesante! Así que si yo fuera extraterrestre y me dan un pasaje para este sistema solar no lo pienso dos veces, lo primero que deseo es ir a la Tierra y no me extrañaría que haya muchos otros en el universo que hayan pensado exactamente como yo. Voy por más, no solamente la tierra podría estar siendo “visitada” sino que podría tener una ocupación permanente desde hace muchísimos milenios, como decía el padre jesuita Salvador Freixedo cuando hablaba de la posibilidad de que formemos parte de una granja humana.


C.G.: -El tiempo se va acabando y tengo que hacerte la última pregunta pero la gente que accede al libro con que se va a encontrar, que le dirías. 


R.M.: -En principio agradezco a la editorial Grupo Argentinidad por haber confiado en mí, por haber publicado mi libro en una editorial que se caracteriza por temas históricos y bélicos, si bien es cierto que mi libro tiene un aspecto histórico porque de alguna manera recopila cosas extrañas que sucedieron en la Antártida, lo cual abre otro interrogante para reflexionar: ¿Qué temas se aceptan en la historia y qué temas se dejan fuera de la historia?

El libro enumera casos sucedidos a lo largo de los años en bases antárticas de diferentes países. Debo decirle a los lectores que me ha llevado más de 10 años de labor, que está escrito con una metodología académica con citas bibliográficas, referencias al pie, bibliografía… y les diría también que si en el futuro escribo algo más, espero hacerlo de manera menos rigurosa y más relajada. 


La propuesta del libro es que quienes se interesan por estos temas accedan a una información veraz, documentada, lejos de la superchería. Por eso el libro ha sido muy bien recibido tanto por interesados en el tema ovni como por personal antártico, estoy muy agradecido a todos los antárticos que me han enviado sus comentarios, de hecho una excelente reseña fue publicada en la web de la Fundación Marambio. 


C.G.: -Te agradezco Rubén, ¡muy interesante! Es importante decir que este tema está, existe, no se lo puede negar y ojalá que el próximo trabajo que realices confíes nuevamente en nosotros para editarlo.

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